Canal RSS

DE DOCHTER VAN DE KORENAAR BRAVOURE

Publicado en

Más allá de las de siempre, no es muy habitual encontrar cervezas ahumadas tal cual; es decir, que no sean otra cosa –stouts, porters, etc.- que ahumadas. O, dicho de otro modo, que el humo sea el protagonista y no el complemento. Por aquí hemos hablado de algunas, con mayor o mejor suerte, y va siendo hora de retomar este género, al que soy bastante aficionado y del que no encuentro mucha oferta o, mejor dicho, novedades, ya que Schlenkerla siempre hay…

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Llegué a De Dochter Van De Korenaar a través de su Embrasse envejecida en barril de whisky de turba, una cerveza sorprendente. Y digo sorprendente, porque me esperaba otra cosa más inclinada hacia las Strong Ales, cerca tal vez de la Duvel o similares (no sé por qué) y me encontré con una cerveza compleja, absolutamente dominada por la turba y, por tanto, con un toque ahumado muy marcado (incluso excesivamente marcado) al que se subyugaba todo el conjunto. El resultado era de una cerveza muy peculiar, estupenda para los amantes de las ahumadas pero que probablemente no llegue a mucho más público: ese perfil tan acentuado a humo pide que te guste mucho, pero mucho, ese estilo.

En fin, todo este rollo viene porque me entró la curiosidad por esta cervecera belga y especialmente por cómo manejaban esas notas a humo, y en cuanto puede probé la que es, en teoría, su “ahumada”, esta Bravoure. Menos alcohol, menos cuerpo y ¿más humo?

Pues relativamente no. La verdad es que lamentablemente, es una cerveza algo fallida, sobre todo por su estructura, deslavazada y tirando a caótica. Y eso que su pinta, color ámbar oscuro, casi miel, con espuma muy blanca le hace apetecible, pero en cuanto la acercas a la nariz se empieza a revelar confusa: es difícil encontrar otro aroma que no sea el del humo, y algo más tipo grano crudo, pan, etc. Sinceramente, algo ramplón y básico.

El sabor es algo mejor, ya que el humo pierde su excesivo protagonismo y cede terreno a otros caracteres como el caramelo, las especias, algo de fruta madura –poco- para formar un conjunto desordenado y desequilibrado. Su final astringente y textura acuosa no ayudan a mejorar ese conjunto ni esa sensación.

CONCLUSIÓN: Una cerveza mediocre, como cerveza y como ahumada. Muchísimo más recomendable la Embrasse que comentaba arriba y, si ésta no puede ser, cualquiera del 95% de las ahumadas del mundo. Muy decepcionante.

 

¿PUEDE UNA 0,0 SER UNA BUENA CERVEZA?

Publicado en

Recientemente, una amiga me ha pedido que le recomendase una cerveza sin alcohol. Sin dudarlo le recomendé alguna alemana, entre la Weihenstephaner y la Schneider-Weisse porque son las más fáciles de encontrar por aquí. Otro de los motivos es que no conozco muchas más…Y por eso me dio por pensar si es un problema mío, de la industria o de ambos.

Simultáneamente, vi que Brewdog está experimentando “al revés”, es decir, frente a su tradicional querencia por los inventos hiperalcohólicos, ahora comercializa su Nanny State, con un 0,5% de ABV. De modo que parecía interesante ver hasta qué punto el alcohol es síntoma de calidad de una cerveza o, dicho de otro modo, si una cerveza con poco alcohol o sin él puede ser buena.

Bien, el alcohol es una parte intrínseca de la cerveza, y un componente que se produce inevitablemente durante su producción. Por ello, y siendo puristas, la respuesta debería ser que una cerveza tiene que tener alcohol, aunque sea poco. Pero también cuando cocinamos un cocido se suelta mucha grasa y eso no significa que nos la tengamos que comer, que para eso se desgrasan las comidas y no dejan de estar buenas…De hecho, muchos estilos se mueven en cotas alcohólicas bajas (algunas Pilsen, Pales Ales o Bitter, Vienna, Steam, California Common, etc.) y, con sus propias reglas, también proporcionan grandes cervezas. Y creo que es evidente que más que el contenido alcohólico lo que debe primar en una cerveza es su construcción considerada de manera global: su equilibrio, su complejidad, su redondez, etc. El alcohol forma parte de todas esas características, pero ¿es fundamental? O al menos ¿es TAN fundamental?

Si hacemos el razonamiento al revés, una cerveza con mucho alcohol siempre sería magnífica. Personalmente, no he probado cervezas tipo Sink The Bismarck! o Armageddon, que superan los 50 grados, pero dudo mucho de que me gustasen y, sobre todo, dudo muchísimo de que sean grandes cervezas, ni siquiera buenas. A lo mejor son espléndidos whiskies carbonatados, pero como cerveza…no sé, no sé. Creo que la conclusión del párrafo anterior sigue siendo válida para este razonamiento.

Bien, personalmente soy partidario del alcohol en la cerveza, pero creo que si consideramos a las 0,0 un estilo, también debe tener sus propias reglas y que, dentro de ellas, las habrá mejores y peores. Y, sinceramente, hay cervezas con alcohol que, una vez probadas, yo sustituiría por una Sin sin ningún problema (ya lo he hecho alguna vez). Y es sorprendente lo sabrosas que algunas de ellas pueden resultar, y lo bien hechas que están, aunque eso no logre evitarte la sensación de que les “falta algo”. Por otra parte, no hay que olvidar que, si eres una empresa cervecera, los romanticismos sirven de poco cara a la facturación y que es mejor ser práctico: las cervezas sin alcohol son un segmento del mercado muy importante. Embarazadas, ancianos, personas con problemas de salud o medicadas, abstemios (que los hay), etc. también van a bares y a supermercados, y también puede que les guste el sabor de la cerveza: ¿Por qué no van a poder estas personas disfrutar de la mejor bebida del mundo, aunque sea en una versión algo menos convencional, y hacerlo con productos de calidad y bien hechos? Cada vez es más habitual en concursos y premios encontrar categorías dedicadas a cerveza sin alcohol, y es que ese público está ahí y no por mirar a otro lado va a dejar de existir.

Por todo ello, yo defiendo que una cerveza sin alcohol sí puede ser una gran cerveza, aunque yo prefiera las grandes cervezas con. Pero, por encima de esto, me quedo con la idea del respeto a la cerveza que todos debemos tener, y esto es un recadito a la industria: no por ser sin alcohol una cerveza tiene que ser un aguachirri infame, y hay que tener en cuenta que el consumidor es cada vez más exigente y está mejor informado. Por ser de 0,0, ese consumidor no es tonto, y siempre va a preferir la calidad, así que por favor, hagamos bien las cosas. Aunque no tengan alcohol…

CLÁSICOS: TRAQUAIR HOUSE ALE

Publicado en

traquair-house-brewery

Obligado por motivos laborales que han ocasionado un parón no por esperado menos incómodo, recuperamos la actividad y la sección que, de momento, solo contaba con un par de posts. En esta ocasión charlaremos sobre la House Ale de Traquair, una Scotch Ale que tal vez lo más parecido a un “clásico” dentro de un estilo muy apropiado para este invierno que termina y que últimamente, y sobre todo gracias a cerveceras norteamericanas, está viviendo una gran y merecida expansión.

La Casa Traquair

Como toda buena cerveza británica que se precie, detrás hay más historia que en la escuela. En este caso, la Casa Traquair tiene una doble acepción: por un lado, el edificio en sí, situado en Innerleithen y que es la casa ininterrumpidamente habitada más antigua de Escocia (desde 1107), y por otro, el linaje de sus habitantes, los Laird –forma escocesa de Lord- of Traquair. De hecho, para la redacción de este post he tenido ocasión de charlar con Lady Catherine Maxwell Stuart, XXI Lady de Traquair, a quien agradezco sinceramente su tiempo y su atención.

casoplon

El casoplón

 

La sede, que parece de película victoriana, fue originalmente un hospedaje para cazadores, luego un refugio para sacerdotes católicos y actualmente, pues bueno, es una especie de casa rural de hiperlujo y se alquila para bodas y otros eventos, ejem. Y claro, tiene una cervecera fundada inicialmente en el siglo XVIII y que hacía cerveza exclusivamente para la gente de la casa y los sirvientes. A principios del siglo XIX se dejó de usar, pero todo el aparataje quedó en la casa, arrinconado y sin tocar durante más de un siglo, hasta que en 1964, Lord Peter Maxwell Stuart, padre de Lady Catherine, decidió desempolvarlo y volver a hacer cerveza. La House Ale, por cierto, envejece en esos barriles originales; el resto lo hace en equipamiento adquirido posteriormente.

Lord Maxwell Stuart murió en 1990, y entonces fue Lady Catherine quien se hizo cargo de la empresa, creándola desde el punto de vista administrativo mediante su constitución en 1997 como compañía de responsabilidad limitada. También en 1990 fue cuando empezó a trabajar allí el maestro cervecero Ian Cameron, que a día de hoy sigue a pie del cañón. Y, como suele pasar en estas haciendas de la campiña en las que los años van algo más despacio que en el resto del mundo, ahí seguimos, tal cual. Para los que os interese el tema o queráis una boda chachi, su web, www.traquair.co.uk, incluye todos los datos.

El estilo: ¿Scotch o Scottish?

Una (otra) de las cosas en la que los críticos e historiadores de los estilos no se ponen de acuerdo es en la distinción entre Scottish y Scotch Ales. Por poner un ejemplo de la controversia, el BJCP no reconoce ninguno de los estilos como tal, sino que habla de Scottish Export o Wee Heavy y una especie de cajón de sastre llamado Strong Scotch Ale.

Rastreando por ahí, parece ser que hay diversas posturas. Por una parte, está quien defiende que no debe haber distinción entre ambas, ya que son esencialmente muy parecidas en su carácter, procedimientos y casi en los resultados. Por otro lado, hay quien defiende que la Scotch es una especie de “Imperial” Scottish, en donde la base es la misma pero a la que se le otorga más alcohol, cuerpo y sabor. Por último, algunos historiadores creen que la distinción es geográfica, y que las Scotch son las elaboradas en el entorno de Edimburgo y las Scottish en el resto. Incluso, un grupo de historiadores se abonan a la teoría de la distinción geográfica pero de otra manera: Scottish serían las elaboradas en Escocia y Scotch las creadas por emigrantes escoceses en EE.UU.

Yendo a lo fácil, digamos que la Scotch es una versión más fuerte de la Scottish y así nos entendemos. En cualquier caso, se trata de cervezas oscuras y muy maltosas. Los aromas suelen ser predominantemente a caramelo y frutas, aunque algunas pueden presentar trazas ahumadas. El sabor, pleno sin ser pesado, también tiende a notas dulces como el caramelo, el bizcocho, la galleta o la fruta madura. La textura, entre cremosa y viscosa, y el cuerpo deben ser muy consistentes, creando un conjunto robusto y compacto, pero nunca empalagoso ni pesado. Son cervezas muy interesantes, sabrosas y más complejas de lo que parecen, excelentes como cervezas de postre o para acompañar platos de caza o con salsas agridulces.

La cerveza

En el caso de la House Ale, como era de esperar –por eso aparece aquí- se cumplen escrupulosamente esas notas. Se trata de una Scotch muy académica, aunque seguramente no sea la mejor en su estilo (siendo, en mi opinión, estupenda), donde brillan otros clásicos como la impresionante Dirty Bastard de Founders –esta sí es mi favorita en el estilo- o la sorprendentemente buena Wee Heavy de Bellhaven, por mencionar una de las cervezas que más me han sorprendido últimamente.

Traquair produce unos 700 barriles por año, de los que salen 200.000 botellas y el resto queda en barril. Esta es una de las tres cervezas que se embotellan de forma regular cada año, siendo las otras dos la soberbia Jacobite, en cierto modo hermana mayor de esta, y la Bear Ale. En barril tiene algunas más, que por cierto se venden en poquísimos sitios, al igual que ediciones especiales que, por lo general, conmemoran acontecimientos históricos escoceses. Se hace con agua de acuíferos presentes en la finca y con malta de la zona, aunque a veces la compran en otros sitios (Inglaterra) si la calidad no es la deseable. El lúpulo empleado es East Kent Goldings.

house%20ale

Foto extraída de la web de Traquair: la mía salió de pena.

 

La House Ale es una cerveza marrón rojizo (perdón, pero la foto es de la web, la mía salió hecha una pena), con espuma de color beige y tamaño medio, algo persistente pero no mucho, con una notable presencia del caramelo tanto en aroma como en sabor. Aparte de esto, en el aroma también aparecen toques a toffee, uvas y ciruelas pasas y un muy sutil fondo ahumado. El sabor es muy completo, repitiendo las notas del aroma y sustituyendo el pequeño rastro de humo con notas de frutos secos, fruta madura, regaliz y vainilla. El conjunto es rico y profundo, no complejo pero sí muy interesante, sin fisuras y altamente disfrutable. Una excelente Scotch que, insisto, aunque no sea la mejor, sí da una buena idea de cómo es el estilo desde un estilo purista, clásico o tocapelotas, según cómo se mire.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 29 seguidores

%d personas les gusta esto: